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viernes, 25 de abril de 2014

La Mirada Sucia, De Mordor a Puerto Hurraco, 27/03/2014




La Mirada Sucia, Frontera 24/04/2014




Así es, suspiró el Coronel. La vida es la cosa mejor que se ha inventado.
             “El Coronel no tiene quien le escriba”.  Gabriel García Márquez.

El gran espectáculo de la vida sigue desobedecido y luchador por mucho que le pese a tantos y tantas que piensan que no es posible vivirlo sino siendo simplemente un simple espectador. Que decidan otros por nuestros derechos que yo ya tengo suficiente con trabajar y llegar al sábado para degustar, y eso sí lo decido yo, un “gintonic” fresquito y soso como él mismo.  A aquellos que pasan por la vida cuales zombis, sumisos a la mano que los exprime pero sin ningún respeto por la tierra que realmente es la que les da de comer… esas personas andan desorientadas de un tiempo a esta parte porque si las razones son tan poderosas y la realidad es tan criminal, las maneras se presentan derrotistas o simplemente xenófobas o reaccionarias, dicen que cómo se puede volver a una ideología si eran las culpables de todo lo malo. Sus conductas son tan contradictorias con la vida que andan, decía, muy desorientadas.
            Y andaban estos días en Bogotá celebrando al Gabo, García Márquez.  Leo el último artículo de Juan Carlos Monedero que dice así: “Coincidía con el día de la Dignidad de las víctimas, el 9 de abril, cuando asesinó la oligarquía a Gaitán, que era un pueblo, y empezó una balacera que aún no se ha parado. En la Candelaria, enfrente del Museo de Botero, decoraba la pared una colección de fotos que caminaba por su vida. No faltaba Fidel Castro mirando las montañas y tampoco el ojo morado que le puso Vargas Llosa a su entonces amigo cuando ya era un excelente escritor pero todavía no era un patético autoritario. (Vargas Llosa por supuesto) Tampoco el exilio en México- porque los poderosos que hoy dicen que lloran al Gabo querían matarlo, como le pasó a Mandela, porque sentía con su pueblo-. A España dijo que no iba a venir más porque tratábamos como a animales a lo suyos y les pedíamos visa pese a que ellos siempre nos recibieron con los brazos abiertos. La Real Academia de la Lengua, esa en la que se orinaba Valle Inclán, no dijo nada y calló con ese silencio cobarde tan de los poderosos. Hoy se rasgará las vestiduras con maneras de histrión.”
En esta sucia noche de fronteras a La Academia de la Lengua se le llena la boca con la universalidad del castellano, que si el realismo mágico de un idioma sin fronteras, que si el reportero de la palabra traspasando las fronteras del idioma. García Márquez, exiliado de su tierra, sabía muy bien de fronteras pero sabía aún más de pueblos y de pobres. Sabía tanto de eso como ese Coronel sin nombre, de buena fé y algo ingenuo, que esperaba y esperaba su carta de la pensión después de tantos años de servicio con la convicción de poder dar un sustento a su familia, viendo cómo acribillaban a su hijo por repartir octavillas y cómo día a día esa carta no llegaba dejando al coronel y a su mujer sin más posibilidad de elección de vida que la que le da un gallo de pelea, herencia de su hijo, con el temor de que sea derrotado y muerto. Esa cosa maravillosa a la que se refería este coronel y con la que empieza esta editorial: la vida, y ese temor, y la pregunta que muchos y muchas se hacen cada día, se la hacía su mujer a propósito de su futuro al final de esa maravillosa novela:
- Dime, y qué comemos? A lo que el coronel responde: Mierda.
La Mirada Sucia.
 Frontera.


lunes, 24 de febrero de 2014

La Mirada Sucia, Autorretrato, 20/02/2014


 Noche de jueves, desde las ondas libres surgen historias a través de las voces, la radio como forma de expresión y La Mirada Sucia como un ente etéreo, reflejo de mentes inquietas, diferentes pero siempre comunicativas. Me toca hoy hacer un autorretrato radiofónico de aquello que comenzó Iñaki hace más de cinco años, toda una contradicción para los sentidos.  Me pregunto cómo hacer del sonido una forma, cómo reflejar las sucias tonalidades desde las ondas del volumen, difícil tarea la de dibujar con palabras un mundo que debería verse solo desde la imaginación, únicamente cerrando los ojos y transformando los sonidos en imágenes. Pero como lo contradictorio no es imposible, me transformo, cual cucaracha Kafkiana  en ese ente radiofónico y me miro al espejo para dibujar un primer bosquejo de aquello que nunca he visto, de lo que sé que no soy y de lo que soy que no sé. Veo ondas cambiantes que dibujan arrugas en un rostro, ahora sí, cada vez más humano. Veo unos hombros cargados de razones, con la fuerza de un cerrojo furioso de soportar injusticias y desigualdades. De esos hombros surgen las líneas de un cuello hecho a si mismo, duro  y a la vez poético,  como el cemento. Desde el cuello se vislumbra una artística pantalla ovalada con cientos de rostros, tantos como ficciones, sombras e ilusiones tiene este programa. En ese rostro que  cada vez veo más nítido se forman volúmenes: una nariz desde la que aspiro frescos aires de Levante. Una boca de memoria e historia desde la que cuento lo otro, lo olvidado. Me sorprendo y cambio el gesto porque este autorretrato no es solo físico, sino que al modo pictórico tradicional la psicología de las emociones brota como obligación artística y disidente. Además, veo en el espejo atributos que simbolizan un ámbito, un espacio, si para los pintores franceses del XIX, el autorretrato  no estaba completo sin su taller lleno de lienzos, sus paletas y sus botes de pinceles. El que veo yo en el espejo me muestra confusión y micrófonos, una gran V ciega, de victoria o de vendetta, encima de un diván meditando sobre psicología, ciencia y mundos interiores, una Mirilla con una viga en el ajeno y alguna cerveza. Pero vuelvo a mirar al primer plano y mis oídos siguen su metamorfosis propia. Cambiantes, un rato huidizos y otro fieles, retraídos y más tarde divertidos y entretenidos, tantos como radioescuchas. La  autor-representación va teniendo la forma del representado y descubro el motivo central y determinante del autorretrato: la Mirada, el elemento principal, el mediador entre el objeto del arte y el espectador, la única parte inmóvil de este retrato. La única parte liberada de los dos mundos a los que se enfrenta: el de la creación y el mundo exterior. Limpia por dentro… y sucia, siempre sucia hacia afuera.
Y cierro los ojos con La Mirada grabada en la memoria y al abrirlos descubro que no soy yo, que mis atributos han cambiado y recuerdo la frase de la fotógrafa y artista  Cindy Sherman. "Ce portrait c'est moi  (este retrato soy yo) mais ce n'est pas tout à fait moi" (pero no es todo lo que yo soy).
La Mirada Sucia

Autorretrato.